Чтение онлайн

ЖАНРЫ

Barrayar (на испанском)
Шрифт:

Cordelia sintiу que el corazуn le golpeaba en el pecho. — Pero si he recibido el tratamiento… — No le gustaba la expresiуn compasiva de su rostro, y se volviу hacia Vorkosigan -. їQuй puede…? — Se detuvo paralizada ante su expresiуn de dolor y de ira. Era el rostro de un desconocido con la mirada de un amante, y sus ojos finalmente buscaron los de ella.

— Dнgaselo — le susurrу al mйdico -. Yo no puedo.

— їEs necesario que la perturbemos…?

— Ahora. Terminemos con esto.

— El problema es el antнdoto, seсora — informу el mйdico de mala gana -. Es un violento teratуgeno. Detiene el desarrollo normal de los huesos en el feto. Los huesos de usted son adultos, y, por lo tanto, no se verб afectada. Tal vez comience a sufrir cierta tendencia a la artritis, pero en ese caso podremos tratarla… — Se detuvo al ver que ella cerraba los ojos, dejбndolo fuera -. Debo ir en busca de ese guardia — aсadiу.

— Vaya — le respondiу Vorkosigan. El hombre dejу paso al guardia que traнa las ropas del regente, y se marchу.

Ella abriу los ojos, y los dos se miraron. — Esa expresiуn en tu rostro… — susurrу

йl -. No es… Llora. ЎGrita! ЎHaz algo! — gritу con voz ronca -. ЎAl menos уdiame!

— Aъn no puedo sentir nada — murmurу Cordelia -. Maсana tal vez. — Sentнa una llamarada en la respiraciуn.

Murmurando una maldiciуn, Vorkosigan se vistiу con su uniforme verde.

— Puedo hacer una cosa.

Era el rostro del desconocido, tomando posesiуn otra vez. Las palabras resonaron en la memoria de Cordelia. Si la Muerte vistiera un uniforme verde, se verнa exactamente como йl.

— їAdonde vas?

— A ver quй ha atrapado Koudelka. — Cordelia lo siguiу -. Quйdate aquн — le ordenу.

— No.

Vorkosigan le dirigiу una mirada iracunda, pero ella ignorу su expresiуn.

— Irй contigo.

— Entonces, ven. — Dio media vuelta y se dirigiу a la escalera con la espalda muy erguida.

— No matarбs a nadie delante de mн — dijo ella furiosamente, bajando la voz.

— їEso crees? — replicу йl -. їEso crees? — Murmurу de nuevo. Sus pies descalzos pisaban con fuerza los peldaсos de piedra.

El gran vestнbulo de entrada era un caos, lleno de sus guardias, los hombres del conde y varios mйdicos. Un hombre con el uniforme negro de los guardias nocturnos estaba tendido en el suelo, asistido por un doctor. Ambos estaban empapados por la lluvia y sucios de barro, rodeados por un charco de agua ensangrentada.

El comandante Illyan, con el cabello mojado por la lluvia, acababa de entrar por la puerta principal junto a un ayudante.

— Avнsenme en cuanto lleguen los tйcnicos con el detector — decнa -. Mientras tanto, que nadie se acerque a ese muro ni al callejуn.

»ЎSeсor! — exclamу al ver a Vorkosigan -. ЎGracias a Dios que se encuentra bien!

Vorkosigan emitiу un gruсido y no dijo nada. Rodeado por varios hombres, el prisionero tenнa el rostro contra la pared, con una mano sobre la cabeza y la otra en una postura extraсa, junto al cuerpo. Droushnakovi se hallaba junto a йl, sujetando una ballesta metбlica de brillo perverso. Evidentemente, el arma habнa sido utilizada para lanzar la granada de gas a travйs de la ventana. Drou tenнa una marca amoratada en el rostro y le sangraba la nariz. Su bata de noche tenнa varias manchas. Koudelka tambiйn se encontraba allн, apoyado sobre su espada, arrastrando una pierna. Llevaba puesto un uniforme hъmedo y fangoso, con unas zapatillas, y en su rostro habнa una expresiуn amarga.

— Lo hubiera atrapado — estaba diciendo -, si no hubieras aparecido gritando…

— ЎOh, vamos! — replicу Droushnakovi -. Bueno, discъlpame, pero yo no lo veo de ese modo. Mбs bien me parece que

йl te habнa atrapado a ti… te habнa derribado de un golpe. Si no hubiera visto sus piernas tratando de escalar el muro…

— ЎBasta! ЎVorkosigan estб aquн! — susurrу otro guardia. Los hombres se volvieron hacia йl y retrocedieron.

— їCуmo logrу entrar? — comenzу Vorkosigan, y entonces se detuvo. El hombre vestнa el uniforme de fajina perteneciente al Servicio -. No serб uno de sus hombres, їverdad, Illyan? — Su voz sonaba como metal sobre piedra.

— Seсor, debemos llevarlo con vida para interrogarlo — dijo Illyan con inquietud junto a Vorkosigan. Parecнa hipnotizado por la misma mirada que habнa hecho retroceder a los guardias -. Es posible que haya otros en la conspiraciуn. Usted no puede…

Entonces el prisionero se volviу hacia sus captores.

Un guardia se dispuso a empujarlo nuevamente contra la pared, pero Vorkosigan se lo impidiу. Cordelia no podнa ver el rostro de su esposo ya que en ese momento se encontraba detrбs de йl, pero sus hombros perdieron la tensiуn asesina, y la ira pareciу desaparecer de su espina dorsal, dejando nada mбs que dolor. Sobre el cuello negro sin insignias estaba el rostro devastado de Evon Vorhalas.

— Oh, no — susurrу Cordelia -. Los dos no. La respiraciуn de Vorhalas se acelerу de odio al ver a Vorkosigan.

— Asqueroso tirano. Tienes la sangrй frнa como una vнbora. Sentado allн, como una piedra, mientras le arrancaban la cabeza. їSentiste algo? їO fue un placer para ti, mi querido regente? En ese momento jurй que me vengarнa.

Se produjo un largo silencio y entonces Vorkosigan se acercу a йl, apoyando un brazo contra la pared.

— Fallaste conmigo, Evon.

Vorhalas le escupiу en el rostro. Su saliva estaba sangrienta por la herida que tenнa en la boca. Vorkosigan no se moviу para limpiarse.

— Fallaste tambiйn con mi esposa — continuу con una cadencia lenta y suave -. Pero lograste lastimar a mi hijo. їSoсabas con vengarte? Lo has logrado. Mнrala a los ojos, Evon. Cualquier hombre podrнa ahogarse en esos ojos grises como el mar. Yo tendrй que mirarlos cada dнa durante el resto de mi vida. Por lo tanto, disfruta de tu venganza, Evon. Acaricнala. Utilнzala para abrigarte en las noches frнas. Es toda tuya. Te la dejo como testamento. En cuanto a mн, me he hartado de ella hasta el punto de sentir nбuseas, y me ha revuelto el estуmago.

Entonces Vorhalas alzу la vista y, por primera vez, sus ojos se posaron en Cordelia. Ella pensу en la criatura de su vientre, en los delicados huesos cartilaginosos que tal vez en ese mismo instante comenzaban a pudrirse, a retorcerse, a desintegrarse, pero aunque por un momento intentу odiar a Vorhalas, no lo consiguiу. Ni siquiera logrу encontrarlo desconcertante. Tuvo la sensaciуn de que podнa ver claramente a travйs de su alma herida, asн como los mйdicos veнan el interior de un cuerpo herido con sus instrumentos de diagnуstico. Cada desgarro y desgaste emocional, cada pequeсo cбncer de resentimiento que crecнa en ellos, y, por encima de todo, la gran cuchillada que habнa causado la muerte de su hermano.

Поделиться с друзьями: