Barrayar (на испанском)
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— Claro. — El doctor frunciу el ceсo con expresiуn pensativa -. їY se encuentra libre de defectos genйticos?
— Completamente — asintiу Cordelia. — Nosotros necesitamos esta tecnologнa. — El mйdico suspirу y comenzу a guardar el instrumental -. La niсa se encuentra bien, puede vestirla — dijo a la seсora Hysopi.
Al fin Bothari se asomу sobre la cuna y mirу a la pequena con el ceсo fruncido. Sуlo la tocу una vez, posando un dedo sobre su mejilla, y luego se frotу el нndice con el pulgar como si probara sus funciones nerviosas. La seсora Hysopi lo estudiу de soslayo, pero no dijo nada.
Mientras Bothari arreglaba las cuentas del mes con la seсora Hysopi, Cordelia y el doctor Henri fueron paseando hasta el lago, seguidos por Droushnakovi.
— Cuando esas diecisiete rйplicas uterinas llegaron al hospital, enviadas desde la zona de guerra en Escobar, quedй francamente consternado — dijo Henri -.
— Mi madre es ingeniero en equipos mйdicos y mantenimiento en el Hospital Silica — le explicу a Henri cuando йl se detuvo para respirar -. Trabaja en esta clase de aplicaciones. — Henri redoblу su exposiciуn tйcnica.
Cordelia saludу a dos mujeres en la calle y las presentу amablemente al doctor Henri.
— Son esposas de dos Hombres de Armas del conde Piotr — le explicу cuando siguieron su camino.
— Me extraсa que no hayan preferido vivir en la capital.
— Algunos lo hacen, y otros permanecen aquн. Resulta mucho mбs barato vivir en un pueblo, y la paga de estos sujetos no es tan alta como habнa imaginado. Ademбs, algunos de ellos desconfнan de la vida en la ciudad, y consideran que aquн las cosas son mбs puras. — Esbozу una sonrisa -. Hay uno de ellos que tiene una esposa en cada pueblo. Ninguno de sus compaсeros lo ha delatado aъn. Son muy leales entre ellos.
Henri alzу las cejas.
— Quй vida alegre debe llevar.
— No lo crea. Siempre anda escaso de dinero y parece preocupado. Pero no logra decidir a quй estilo de vida renunciar. Al parecer, le gustan los dos.
Cuando llegaron a los muelles y el doctor Henri se apartу para hablar con un anciano que alquilaba botes, Droushnakovi se acercу a Cordelia con expresiуn confusa.
— Seсora. — dijo en voz baja — їcуmo es posible que el sargento Bothari tenga una hija? Йl no estб casado, їverdad?
— їQuй te parece? їQue se la trajo la cigьeсa? — preguntу Cordelia con expresiуn risueсa.
— No.
A juzgar por su expresiуn, no aprobaba esta falta de seriedad. Cordelia exhalу un suspiro. їCуmo podнa explicбrselo?
— Aunque es bastante parecido. Su rйplica uterina fue enviada desde Escobar despuйs de la guerra. El bebй terminу su gestaciуn en un laboratorio del Hospital Militar, bajo la supervisiуn del doctor Henri.
— їRealmente es de Bothari?
— Oh, sн. Estб certificado genйticamente. Asн fue como identificaron… — Cordelia se detuvo. Debнa tener cuidado.
— їPero, quй es eso de las diecisiete rйplicas uterinas? їY cуmo fue que la bebй entrу en una de ellas? їFue… fue un experimento?
— Transferencia placentaria. Se trata de una operaciуn delicada, incluso para los niveles galбcticos, pero no es experimental. Mira. — Cordelia se detuvo, pensando a toda velocidad -. Te dirй la verdad. — Aunque no toda la verdad -. La pequeсa Elena es hija de Bothari y una joven de Escobar llamada Elena Visconti. Bothari la querнa mucho. Pero despuйs de la guerra, ella no quiso acompaсarlo a Barrayar. La niсa fue concebida, eh… al estilo barrayarйs. Cuando se separaron fue transferida a la rйplica uterina. Existieron varios casos similares. Todas las rйplicas fueron enviadas al Hospital Militar Imperial, donde estaban interesados en aprender mбs acerca de esta tecnologнa. Bothari permaneciу en… terapia mйdica durante bastante tiempo despuйs de la guerra. Cuando saliу, se hizo cargo de la custodia de la niсa.
— їLos otros tambiйn se llevaron a sus bebйs?
— La mayorнa de los padres estaban muertos para ese entonces. Los niсos acabaron en el orfanato del Servicio Imperial. — Listo. Ya le habнa dado la versiуn oficial.
— Oh. — Drou se mirу los pies con el ceсo fruncido -. Eso no… me resulta difнcil imaginar a Bothari… A decir verdad — le confesу con candor -, creo que a Bothari ni siquiera le entregarнa un gatito en custodia.
їNo le parece un poco raro?— Aral y yo lo tenemos vigilado. Creo que, por el momento, Bothari se encuentra bastante bien. Encontrу a la seсora Hysopi por su cuenta, y se ocupa de que tenga todo lo que necesite. їЙl… te ha molestado?
Droushnakovi la mirу sorprendida.
— Es tan grande. Y feo. Y algunos dнas.,, anda murmurando solo. Ademбs, se pasa dнas enteros en cama, enfermo, pero no tiene fiebre ni nada de eso. El jefe de guardia del conde Piotr dice que finge estar enfermo.
— No finge nada. Pero me alegro de que lo menciones. Harй que Aral hable con el comandante.
— їPero usted no le teme nunca? їNi en los malos dнas?
— Podrнa, llorar por Bothari — dijo Cordeнia lentamente -, pero no le temo. Ni en los dнas malos ni en ningъn otro momento. Tъ tampoco deberнas temerle. Es… es un profundo insulto.
— Lo siento. — Droushnakovi arrastrу un zapato sobre la grava -. Es una historia muy triste. No me extraсa que no hable sobre la guerra de Escobar.
— Sн… te agradecerнa que no se la mencionaras. Es muy doloroso para йl.
Desde la aldea, cruzaron el lago en la aeronave y pocos momentos despuйs llegaron a la residencia campestre de los Vorkosigan. Un siglo atrбs, la casa habнa sido un puesto de guardia del fuerte en el promontorio. Las armas modernas habнan hecho que las fortificaciones terrestres resultasen obsoletas, y las viejas construcciones de piedra habнan sido reformadas para usos mбs pacнficos. Evidentemente, el doctor Henn habнa esperado mбs lujo, porque dijo:
— Es mбs pequeсo de lo que habнa imaginado.
El ama de llaves de Piotr habнa preparado un almuerzo en una terraza llena de flores, en el extremo surde la casa, junto a la cocina. Mientras ella conducнa al grupo hasta allн, Cordeнia se acercу al conde Piotr para decirle:
— Gracias por permitirnos invadirle, seсor.
— ЎInvadirme! Йsta es tu casa, querida. Eres libre de invitar a cuantos amigos desees. їHas notado que es la primera vez que lo haces? — Se detuvo con ella en la puerta -. Sabes, cuando mi madre se casу con mi padre, cambiу el decorado de toda la Residencia Vorkosigan. Mi esposa hizo lo mismo cuando nos casamos. Aral tardу tanto en casarse que me temo que ya es hora de ponerla al dнa. їNo te gustarнa ocuparte?
Pero es su casa, pensу Cordelia, Ni siquiera es de Aral…
— Te has posado aquн con tanta suavidad que uno casi temerнa que volvieras a levantar vuelo. — Piotr emitiу una risita, pero su mirada parecнa preocupada.
Cordelia se palmeу el vientre.
— Oh, ya me he posado con todo mi peso, seсor. — Vacilу unos instantes -. A decir verdad, he pensado que serнa agradable tener un tubo elevador en la Residencia Vorkosigan. Contando los dos sуtanos, el бtico y la azotea, hay ocho pisos en la secciуn principal. Es todo un trayecto.