Barrayar (на испанском)
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— Por aquн, las fuerzas de Vordarian siguen registrando las cavernas — intervino Kly -. Todavнa tienen unos doscientos hombres allн. Pero en cuanto terminen de buscarse unos a otros, supongo que se marcharбn. Por lo que he oнdo ya no esperan encontrarlos allн adentro, seсora. — Kly se volviу hacia Gregor -. Majestad. Maсana Esterhazy os llevarб a un nuevo sitio, muy parecido a йste. Durante un tiempo tendrйis un nuevo nombre. Y Esterhazy fingirб que es vuestro papб. їCreйis que podrйis hacerlo?
Gregor se aferrу a la mano de Cordelia.
— їY la seсora Vorkosigan simularб ser mi mamб?
— A ella la llevaremos con lord Vorkosigan, que estб en la base de lanzamiento Tanery. — Al ver la mirada alarmada del niсo, Kly aсadiу -: Hay un poni donde vais. Y cabras. Tal vez la seсora de la casa os enseсe a ordeсar las cabras.
Gregor se mantuvo serio, pero no protestу. De todas formas, a la maсana siguiente, cuando lo sentaron tras Esterhazy sobre el caballo, parecнa a punto de llorar.
— Cuнdelo, por favor — dij o Cordelia con ansiedad.
Esterhazy la mirу con dureza.
— Йl es mi emperador, seсora. Le he jurado lealtad.
— Tambiйn es un niсo pequeсo. El emperador es… una ilusiуn que todos ustedes tienen en la cabeza. Cuide al emperador para Piotr, sн, pero tambiйn cuide a Gregor para mн,
Esterhazy la mirу a los ojos. Su voz se suavizу.
— Mi hijo tiene cuatro aсos, seсora.
Bien, йl lo comprendнa. Cordelia tragу saliva, con alivio y pesar.
— їHa… ha tenido alguna noticia de la capital? їDe su familia?
— Aъn no — dijo Esterhazy con tristeza. — Me mantendrй alerta. Harй lo que pueda.
— Gracias.
— Йl la saludу con un movimiento de cabeza, no como un criado a su seсora, sino como un pariente a otro. No pareciу necesario agregar nada mбs.
Bothari estaba dentro de la casa, empaquetando sus escasas provisiones. Cordelia se acercу a Kly, quien se preparaba para guiar su caballo tordo y conducir a Esterhazy.
— Mayor, Sonia ha oнdo el rumor de que las tropas de Vordarian se habнan llevado a la seсora Hysopi. їSabe si tambiйn se llevaron a Elena… la niсa? Kly bajу la voz.
— Segъn he sabido, ocurriу exactamente al revйs. Fueron a buscar a la pequeсa. Karla Hysopi se resistiу tanto que tambiйn se la llevaron, aunque no estaba en la lista.
— їSabe adonde han ido? Йl sacudiу la cabeza.
— A algъn lugar de Vorbarr Sultana. Los servicios de informaciуn de su esposo conocerбn el lugar exacto.
— їYa se lo ha dicho al sargento?
— Su hermano de armas lo hizo anoche.
— Ah.
Gregor se volviу para mirarla mientras se alejaban, hasta que al final se perdieron entre los бrboles.
Durante tres dнas el sobrino de Kly los guiу por las montaсas. Bothari caminaba llevando las riendas de un pequeсo caballo montaсйs en el cual cabalgaba Cordelia, con una piel de oveja por montura. A la tercera tarde llegaron a una cabana donde los aguardaba un joven enjuto. Йl los condujo hasta un cobertizo que ocultaba, maravilla de maravillas, una aeronave desvencijada y situу a Cordelia en el asiento trasero con seis cбntaros de miel de arce. Sin decir una palabra, Bothari estrechу la mano al sobrino de Kly, quien montу sobre su pequeсo caballo y se perdiу en el bosque.
Bajo la vigilante mirada de Bothari, el joven enjuto elevу el vehнculo. Rozando las copas de los бrboles, siguieron hondonadas y colinas hasta cruzar la cordillera nevada y descender al otro lado, fuera del Distrito Vorkosigan. Al atardecer llegaron al mercado de un pueble-cito. El joven aterrizу en una calle lateral. Cordelia y Bothari lo ayudaron a trasladar su mercancнa hasta una tienda de comestibles, donde cambiaron la miel por cafй, harina, jabуn y cйlulas de energнa.
Al regresar a la aeronave descubrieron que un viejo camiуn habнa aparcado detrбs. El joven sуlo intercambiу un breve saludo con el conductor, quien bajу y abriу el compartimiento de carga para Bothari y Cordelia. En el interior habнa unos sacos de fibra llenos de coles. Aquello no resultaba muy cуmodo como almohada, aunque Bothari hizo lo posible para que Cordelia estuviera bien instalada mientras el camiуn se sacudнa sobre los accidentados caminos. El sargento permaneciу sentado a un costado, afilando su cuchillo en forma compulsiva con un trozo de cuero que Sonia le habнa obsequiado. Cuatro horas en aquella situaciуn y Cordelia estuvo a punto de comenzar a hablar con las coles.
Al fin el camiуn se detuvo. La puerta se abriу y cuando Bothari y Cordelia descendieron, se encontraron con que estaban en el medio de la nada: un camino de grava en la oscuridad de la noche, en un territorio desconocido.
— Los recogerбn en el mojуn del kilуmetro 96 — dijo el conductor del camiуn, seсalando una mancha blanca en la oscuridad que al parecer no era mбs que una roca pintada.
— їCuбndo? — preguntу Cordelia con desesperaciуn.
їY quiйnes los recogerнan?— No lo sй. — El hombre regresу a su camiуn y se alejу levantando una lluvia de grava, como si ya lo hubiesen estado persiguiendo.
Cordelia se apoyу sobre la roca pintada mientras se preguntaba morbosamente quй bando saltarнa sobre ellos primero, y quй sistema utilizarнa para distinguirlos. El tiempo pasу, y ella comenzу a imaginar la posibilidad mбs deprimente aъn de que nadie acudiese a buscarlos.
Pero al fin una aeronave apareciу en el cielo nocturno con los motores silenciados. El vehнculo aterrizу aplastando la grava. Bothari se agazapу junto a ella, sujetando inъtilmente su cuchillo, pero el hombre que bajaba con dificultad de la aeronave era el teniente Koudelka.
— їSeсora? — preguntу con incertidumbre a los dos espantapбjaros humanos -.їSargento? — Cordelia lanzу una exclamaciуn de alegrнa al reconocer la cabeza rubia del piloto: Droushnakovi. Mi hogar no es un lugar, son personas…
Con la mano de Bothari en su codo, ante un gesto ansioso de Koudelka, Cordelia se dejу caer con gusto en el mullido asiento trasero de la aeronave. Droushnakovi se volviу para mirar a Bothari con una expresiуn sombrнa, arrugу la nariz y preguntу:
— їSe encuentra bien, seсora?
— Mejor de lo que esperaba. Vamos.
La cubierta se sellу y se elevaron en el aire. Las luces coloridas del panel iluminaban los rostros de Kou y de Drou. Un capullo tecnolуgico. Cordelia atisbo por encima del hombro de Drou para leer los instrumentos, y luego alzу la vista hacia la cubierta; sн, unas formas oscuras los acompaсaban: aeronaves militares de escolta. Bothari tambiйn las vio, y sus ojos brillaron con aprobaciуn. Su cuerpo pareciу relajarse un poco.
— Me alegro de veros… — Cierta postura corporal, cierta actitud de reserva hizo que Cordelia decidiera no aсadir: «juntos otra vez»