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ЖАНРЫ

Barrayar (на испанском)
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— Cuбnto esfuerzo — observу Cordelia -. їY cuбntas veces os habйis enfrentado a una verdadera situaciуn de combate cuerpo a cuerpo?

— Muy pocas. Pero cuando se presentу la ocasiуn, ganamos.

El grupo se dispersу murmurando comentarios acerca de lo ocurrido. Cordelia acompaсу a Aral para ayudar en las curas de su codo y su boca. Luego le hizo preparar un baсo caliente y mientras le frotaba la espalda, continuу con el problema personal que le habнa estado preocupando.

— їTe parece que podrнas decirle algo a Koudelka acerca de cуmo trata a Drou? Parece transformarse en otra persona. Ella hace todo lo posible por resultarle agradable, y йl ni siquiera la trata con la misma amabilidad que dispensa a cualquiera de sus hombres. Drou es prбcticamente una camarada oficial, y creo que estб locamente enamorada de

йl. їPor quй no lo nota?

— їQuй te hace pensar que no? — preguntу Aral lentamente.

— Su comportamiento, por supuesto. Es una pena. Harнan muy buena pareja. їNo la consideras atractiva?

— Encantadora. Pero claro, como todos saben — aсadiу volviйndose hacia ella con una sonrisa -, a mн me gustan las amazonas altas. No a todos los hombres les ocurre lo mismo. Pero si lo que detecto en tus ojos es un brillo casamentero… їno te parece que serбn las hormonas maternales?

— їQuieres que te disloque el otro codo?

— No, gracias. Habнa olvidado lo doloroso que podнa ser un ejercicio de entrenamiento con Bothari. Ah, eso estб mejor. Un poco mбs abajo…

— Bien, maсana tendrбs unos bonitos cardenales ahн abajo.

— Ya lo sй. Pero antes de que te entusiasmes demasiado con la vida amorosa de Drou, їhas pensado con detenimiento en las lesiones de Koudelka?

— Oh. — Cordelia guardу silencio -. Habнa supuesto que… que sus funciones sexuales habнan sido tan bien reparadas como el resto de su cuerpo.

— O tan mal. Es una zona muy delicada para la cirugнa.

Cordelia frunciу los labios.

— їLo sabes con certeza?

— No. Lo que sн sй es que nunca tocamos el tema en nuestras conversaciones. Jamбs.

— Hum. Quisiera saber cуmo interpretar eso. Suena a un mal presagio. їCrees que podrнas preguntбrselo?

— ЎPor Dios Cordelia, por supuesto que no! Vaya una pregunta para formularle. En particular si la respuesta es «no». Recuerda que tengo que trabajar con йl.

— Bueno, deberй ocuparme de Drou. No me servirб de nada si languidece y muere con el corazуn destrozado. El la ha hecho llorar mбs de una vez. Ella se retira donde cree que nadie podrб verla.

— їAh, sн? Me resulta difнcil imaginarlo.

— Considerбndolo todo, no esperarбs que le diga que йl no merece la pena. їPero realmente siente aversiуn por ella? їO es sуlo defensa propia?

— Buena pregunta… En cuanto a su opiniуn, el otro dнa el chofer hizo una broma acerca de ella, nada demasiado ofensivo, y Kou se mostrу disgustado con йl. No creo que le tenga aversiуn. Pero sн creo que la envidia.

Cordelia abandonу el tema con esa frase ambigua. Deseaba ayudar a la pareja, pero no podнa ofrecer ninguna respuesta al dilema. Era capaz de imaginar soluciones creativas para los problemas prбcticos que podrнan crearse con las lesiones del teniente, pero ofrecerlas serнa una violaciуn al pudor y la reserva de los afectados. Sospechaba que lo ъnico que lograrнa serнa escandalizarlos. Las terapias sexuales parecнan ser algo desconocido allн.

Como verdadera betanesa, siempre habнa considerado que un doble modelo de conducta sexual debнa ser un imposible. Ahora que tenнa cierto contacto con la alta sociedad de Barrayar por las obligaciones de Aral, y al fin comenzaba a comprender cуmo funcionaba. Todo parecнa reducirse a cercenar el libre flujo de la informaciуn ante ciertas personas, seleccionada y aceptada por algъn cуdigo tбcito para todos los presentes con excepciуn de ella. No se podнa mencionar el sexo frente a mujeres solteras o niсos. Al parecer los varones jуvenes estaban exentos de todas las reglas cuando hablaban entre ellos, pero no cuando se encontraba presente una mujer de cualquier edad. Las normas cambiaban de un modo sorprendente con las variaciones en el nivel social de los interlocutores. Y las mujeres casadas, cuando los hombres no estaban presentes, solнan sufrir las transformaciones mбs asombrosas. Habнa temas sobre los cuales se podнa bromear, pero no discutir seriamente. Algunas cuestiones no podнan ser mencionadas jamбs. Ella habнa malogrado mбs de un conversaciуn con una frase que le parecнa banal, y Aral habнa tenido que llevarla aparte para darle una rбpida explicaciуn.

Cordelia tratу de confeccionar una lista con las reglas que creнa haber deducido, pero las encontrу tan ilуgicas y conflictivas, sobre todo en el terreno de lo que ciertas personas debнan fingir ignorar ante ciertas otras personas, que al final renunciу. Una noche le enseсу su lista a Aral, quien estaba leyendo en la cama, y

йste se desternillу de risa.

— їEs asн como nos ves? Me gusta tu Regla Siete. Tratarй de no olvidarla… lamento no haberla conocido cuando era joven. Hubiera podido evitar todos esos atroces vнdeos que nos pasaban en el Servicio.

— Si continъas riendo de ese modo, te sangrarб la nariz — advirtiу ella con dureza -. Estas reglas son vuestras, no mнas. Sois vosotros quienes os regнs por ellas. Yo sуlo trato de deducirlas.

— Mi dulce cientнfica. Bueno, sin duda llamas a cada cosa por su nombre. Nunca intentamos… їte agradarнa violar la Regla Once conmigo, querida capitana?

— Dйjame ver cuбl… Ўoh sн! Claro. їAhora? Y de paso, liquidemos la Trece. Mis hormonas se han elevado. Recuerdo que la co-progenitora de mi hermano me habнa hablado de este efecto, pero en ese momento no le creн. Dijo que uno lo compensa luego, en el posparto.

— ї La Trece? Nunca imaginй que…

— Eso es porque al ser de Barrayar, te dedicas demasiado a seguir la Regla Dos.

La antropologнa quedу relegada durante un rato. Pero ella descubriу que podнa elogiarlo cuando, mбs tarde, escogiу el momento apropiado para murmurarle:

— Regla Nueve, seсor.

La estaciуn estaba cambiando. Esa maсana habнa habido una insinuaciуn del invierno en el aire, una escarcha que habнa marchitado algunas plantas en el jardнn trasero del Piotr. Cordelia estaba fascinada ante la idea de pasar su primer invierno de verdad. Vorkosigan le habнa prometido nieve y aguas heladas, algo que sуlo habнa experimentado en dos misiones de Estudios Astronуmicos. Y antes de la primavera, darй a luz un hijo.

Pero la tarde se habнa vuelto a entibiar con el sol otoсal. En la Residencia Vorkosigan la azotea del ala principal irradiaba calor cuando Cordelia la atravesу, aunque el aire estaba frнo en sus mejillas mientras el sol descendнa sobre el horizonte de la ciudad.

— Buenas tardes, muchachos. — Cordelia saludу a los dos guardias apostados en la azotea.

Ellos le respondieron con un movimiento de cabeza, y el de mayor rango se tocу la cabeza en una venia vacilante.

— Seсora.

Cordelia se habнa acostumbrado a contemplar el ocaso desde allн. Desde ese mirador ubicado en el cuarto piso, la vista de la ciudad era excelente. Se alcanzaba a divisar el rнo que la dividнa, detrбs de los бrboles y edificios. Aunque la excavaciуn de un gran hoyo a pocas calles de allн indicaba que una nueva construcciуn pronto le ocultarнa la vista del rнo. La torre mбs alta del castillo Vorhartung, donde asistiera a todas aquellas ceremonias en la cбmara del Concejo de Condes, se asomaba desde un barranco frente al agua.

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