Barrayar (на испанском)
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— Estoy preparada. No se mostrarбn tan propensos a las bromas si logra derribar a algunos de ellos. Creo que podrб… en Colonia Beta esta muchacha ya serнa jefe de un comando. Desperdicia su talento dando vueltas a mi alrededor todo el dнa. Si no puede… bueno, entonces sabremos que no deberнa ser mi guardaespaldas, їno? — Cordelia lo mirу a los ojos.
— Me has convencido… Me asegurarй de que, en la primera vuelta, Koudelka le designe a un contrincante de altura y peso similares. En tйrminos absolutos es un poco pequeсa.
— Es mбs alta que tъ.
— Pero yo debo de pesar algunos kilos mбs que ella. De todos modos, tus deseos son
— «Aral: Cordelia quiere que Drou participe. Kou: ЎOh! їPara quй queremos chicas? Aral: Es fuerte. Kou: Siempre lo complican todo, y luego empiezan con las lagrimitas. El sargento Bothari la aplastarб…» Hum, espero que tu gesto haya significado eso, Kou, o de otro modo te estбs volviendo obsceno… y borra esa sonrisa de tu rostro, Vorkosigan. «Aral: Mi mujercita insiste. Kou: Oh, estб bien.» ЎPuf! Transacciуn completa: el resto depende de ti, Drou.
Vorkosigan regresу junto a ella.
— Todo listo. Comenzarб enfrentбndose a uno de los hombres de papб.
Droushnakovi regresу vestida con un pantalуn ancho y una camiseta de punto, lo mбs parecido que encontrу a los trajes de entrenamiento masculinos. El conde saliу a conferenciar con el sargento Bothari, el lнder de su equipo, y a buscar un lugar junto a ellos para calentarse los huesos al sol.
— їQuй es esto? — preguntу Piotr cuando Koudelka llamу a la segunda pareja, uno de cuyos contrincantes era Droushnakovi -. їEstamos importando costumbres betanesas?
— La muchacha tiene un gran talento natural — le explicу Vorkosigan -. Ademбs, necesita la prбctica tanto como cualquiera de ellos… mбs; su misiуn es la mбs importante de todas.
— Y luego querrбs incluir mujeres en el Servicio — se quejу Piotr -. Me gustarнa saber dуnde acabarб este disparate.
— їQuй tendrнa de malo incluir mujeres en el Servicio? — preguntу Cordelia para azuzarlo un poco. — Es poco militar — replicу el anciano. — En mi opiniуn, «militar» es cualquier cosa que sirva para ganar la guerra. — Esbozу una dulce sonrisa. Un pellizco de Vorkosigan le advirtiу que no siguiese con el tema.
De todas formas no fue necesario, ya que Piotr emitiу un gruсido y se volviу para observar a su luchador. El hombre del conde cometiу el error de subestimar a su oponente, y lo comprendiу cuando sufriу la primera caнda. Esto lo despertу considerablemente. Los espectadores gritaron sus comentarios, y йl la inmovilizу en la siguiente caнda.
— Koudelka ha contado un poco rбpido en esta ocasiуn, їno? — preguntу Cordelia cuando el luchador del conde permitiу que Drуьsknakovi se levantara tras la decisiуn.
— Hum, es posible — dijo Vorkosigan sin comprometerse.
— Ella estб reteniendo un poco sus golpes, me parece. Entre estos hombres no llegarб a la prуxima vuelta si continъa asн.
En el siguiente encuentro, el decisivo, Droushnakovi aplicу una buena llave en el brazo de su oponente, pero permitiу que йl se zafara.
— Oh, quй pena — murmurу el conde alegremente. — ЎDebiste haber dejado que se lo rompiera! — gritу Cordelia, cada vez mбs comprometida. El luchador del conde cayу sin ninguna elegancia -.
ЎAcaba con йl, Kou! — Pero el arbitro, apoyado en su bastуn, lo dejу pasar. En todo caso, Droushnakovi aprovechу una ocasiуn para aplicarle una llave de cuello.— їQuй espera ese hombre para rendirse? — preguntу Cordelia.
— Prefiere desmayarse — respondiу Aral -. De ese modo no tendrб que oнr a sus amigos.
Droushnakovi comenzaba a dudar al ver que el rostro bajo su brazo cobraba un tinte violeta. Cordelia presintiу que iba a soltarlo y saltу para gritar:
— ЎResiste, Drou! ЎNo permitas que te engaсe!
Droushnakovi lo sujetу con mбs firmeza y la figura dejу de luchar.
— Puede darlo por terminado, Koudelka — dijo Piotr, sacudiendo la cabeza -. Esta noche deberб estar de servicio. — Y asн, el tanto fue para Droushnakovi.
— ЎBuen trabajo, Drou! — exclamу Cordelia cuando la joven regresу a su lado -. Pero tienes que ser mбs agresiva. Libera tus instintos mбs asesinos.
— Estoy de acuerdo — dijo Vorkosigan de improviso -. Esa pequeсa vacilaciуn que has mostrado podrнa ser mortal… y no sуlo para ti. — La mirу a los ojos -. Estos combates son una prбctica para la vida real, aunque todos rezamos para que nunca llegue a presentarse una situaciуn semejante. La clase de esfuerzo extremo que se necesita deberнa ser automбtico.
— Sн, seсor. Lo intentarй, seсor.
En la siguiente vuelta participaba el sargento Bothari, quien derribу a su oponente dos veces en rбpida sucesiуn. El vencido saliу arrastrбndose del cuadrilбtero. Pasaron varias vueltas mбs, y volviу a tocarle el turno a Droushnakovi, esta vez con uno de los hombres de Illyan.
Se trabaron en combate y йl logrу desbaratar todos los intentos de la joven, provocando las burlas de la audiencia. Furiosa, Droushnakovi se distrajo y йl consiguiу que perdiera el equilibrio, provocбndole una caнda limpia.
— їHas visto eso? — gritу Cordelia a Aral -. ЎHa sido un truco muy sucio!
— Hum. No figura entre los ocho golpes prohibidos. No podrбs descalificarlo por ello. De todos modos… — Hizo seсas a Koudelka pidiendo un descanso, y llamу a Droushnakovi para decirle unas palabras en voz baja.
— Hemos visto el golpe — murmurу. Ella tenнa los labios apretados y el rostro ruborizado -. Ahora bien, como campeona de mi esposa, en cierto sentido, si te insultan a ti es como si la insultaran a ella. Y un pйsimo precedente, ademбs. Deseo que tu oponente no abandone el cuadrilбtero consciente. Puedes tomarlo como una orden, si lo deseas. Y no te preocupes si tienes que romper algunos huesos — agregу con suavidad.
Droushnakovi regresу al cuadrilбtero con una leve sonrisa en el rostro. Los ojos le brillaban. Respondiу a un amago con una veloz patada en la mandнbula de su oponente, un puсetazo en el vientre y un golpe en las rodillas que lo derribу violentamente sobre la colchoneta. Йl no se levantу. Hubo un silencio algo conmocionado.
— Tenнas razуn — dijo Vorkosigan -. Ella estaba conteniendo sus golpes.
Cordelia sonriу con opgullo y se acomodу en el sillуn.
— Ya te lo decнa.
El siguiente combate en que participу Droushnakovi fue la semifinal, y la suerte quiso que se enfrentara al sargento Bothari.